Hoy por suerte, o más bien desgracia, he tenido que ser durante dos largas horas profesora de un zoquete. Lo más peculiar de esto es que este zoquete era mi padre. ¡Sí, mi padre! Ese que no iba a la escuela porque decía que se aburría y que prefería estar con sus amigos, y ahora me repite día tras día que estudie para encontrar un buen trabajo, ¡sí el mismo!.
Bueno, pues resulta que he llegado a casa a las 4 de la tarde desde las 7 de la mañana que he salido de casa, estaba cansadísima y tenía que comer, pero mi padre no me ha dejado comer tranquila. Primero ha empezado con un tono suave a pedirme que si le podía ayudar a hacer porcentajes. Yo cansada de todo el día le he ayudado sin muchas ganas (todo hay que decirlo), y le he explicado el procedimiento que tenía que hacer 3 veces con ejemplos para que le quedara claro.
Cuando he acabado con la explicación me ha dicho: Vale.
A lo que yo le he respondido: Pero haz un ejemplo para que lo puedas memorizar para la próxima.
Cuando se ha puesto hacerlo ha sido un desastre, no sabía ni a qué tenía que darle. Cuando he visto que no sabía ni como empezar, me he cabreado un poquito, porque he pensado: Seguro que no me estaba escuchando cuando se lo he explicado.
A pesar de eso, he sido paciente y se lo he vuelto a explicar claramente, y haciéndole preguntas, para cerciorarme de que realmente me estaba escuchando. Y efectivamente, me estaba escuchando.
Cuando le he dicho que hiciera otro ejemplo por sí solo, me ha vuelto a demostrar que tampoco sabía. Y mi paciencia cada vez se estaba agotando más.
Justo en este momento me ha venido a la cabeza el libro "Mal de escuela" y he pensado: ¿Mi padre no será uno de esos zoquetes que aparece en el libro?
En ese momento, mi padre ya desesperado porque no lo sabía hacer, a dicho en voz alta: ¡Que cazurro soy! Y aquí he comprendido que mi padre estaba sintiendo todo aquello que tan bien describía el libro de Pennac. Entonces he dicho: tengo que hacer algo. Y lo único que se me ha ocurrido ha sido escribir cada paso que tenía que hacer mi padre para sacar el resultado, y le he dicho: Ahora solo sigue estos pasos y ya veras como lo haces tú mismo. Y así ha sacado el resultado (Su cara era un poema). Y le he recomendado que siguiera esos pasos unas cuantas veces al día, que ya vería como al final lo acababa comprendiendo por sí solo.
A sido una casualidad que me pasara una cosa así justo después de leer el libro "Mal de escuela". Y gracias a este libro he sabido como se sentía ese mal alumno, y lo he intentado ayudar, en vez de perder los nervios como de costumbre.

